jueves 28 de mayo de 2009

No puede terminar bien

Nunca he visto a los Yankees de Nueva York pagando por un cupo en la Serie Mundial. Tampoco a un Atlético de Madrid ofreciendo euros por un lugar en la Champions. Así, la NBA no subasta los puestos en sus playoff, ni la FIFA los 32 lugares en el Mundial. En el deporte mundial, el estar en la élite es un derecho que se gana en la cancha.

Pero esa regla parece regir solo fuera del país. Dentro, los méritos deportivos se ven supeditados a maletas llenas de dinero. Por ejemplo, Yaracuyanos quedo décimo en el ultimo torneo de Segunda, pero calificó en la competencia económica y se “sudó” el ascenso entre unas oficinas. El mismo mérito que logró el Centro Italo tras varios años de fracasos deportivos.

¿Qué es la Primera? ¿Un torneo donde juegan los mejores 18 equipos del país, o un prostíbulo donde solo entran los que pueden pagar?

Lo que no alcanzaron en el campo los jugadores, lo lograron sus afinados negociadores. Queriendo pagar por el tiempo que necesita de inversión una institución para ser exitosa. Al diablo aquello de crecer poco a poco.

Pero como la experiencia pasada aquí parece no importar, no hay nadie que le ponga coto. ¿Qué el Real Esppor tiene mucha plata pero no pudo lograr el ascenso? ¡Pues que la use para comprar mejores jugadores! Pero no le permitan comprar cupos.

Consumados los ascensos, solo nos queda esperar que aquellos talentosos negociadores no desistan de sus planes al ver que sus partidos no salen por TV y que a sus partidos puede que no vayan más de cien fanáticos.

viernes 15 de mayo de 2009

Una columna original


Tiene un dilema que resolver con urgencia. En su nuevo trabajo le pidieron escribir una columna de opinión, pero él no lo cree conveniente.

Lee con lástima la proliferación de opinadores en la prensa nacional y piensa que perdió prestigio tener un espacio para compartir la visión individualísima del hecho deportivo. ¿Dónde quedan los méritos?, pregunta al vacío. Le sorprenden los periódicos que abren el género más valioso a noveles. Quizá apuestan a la juventud, argumenta, y luego cambia de opinión. Duda. No cree que se trate de una política, sino de la ausencia de ella. Ya no se piensa en el buen periodista que gana su espacio; ya no se detienen los jefes a valorar el talento y entregar con honor la más grande de las responsabilidades. Ya sólo se dice: ‘hazte una columnita de opinión ahí’, y así le dijeron a él con menos de un año de graduado y apenas tres meses en la fuente.

Confundido, dice que sí. Siente que traiciona algo; cree que una vez en la academia le enseñaron el valor de opinar y el proceso que debe cumplirse. Pero él está solo. No tiene formación y en su nuevo trabajo no la consigue. Algo está mal en esta profesión, sospecha. Ni en la escuela de periodismo imparten buenas clases, ni los jefes que encuentra en los periódicos deportivos pueden o saben enseñar. No sólo los deportivos, busca tranquilizarse; el periodismo vive tiempos negros y la culpa no es del gobierno, aunque muchos quieran hacerlo creer.

Llevado por la inercia del sinsentido piensa en un nombre para la columna. Quiere algo original, algo distinto. Se ilumina y sonríe. ‘Lo tengo’, grita. Su espacio tendrá por título una situación o posición del deporte que cubre. Busca en las páginas web de los diarios más importantes y empieza a descartar.

Volante mixto; Volante creativo; Tiro de esquina; El líbero; Línea tendida; Slider cortante; Pitcher controlado; El camarero; Swing de gradas; Foul y vale; Triple play; El emergente, Quieto en primera; El escolta; Área Chica; Squeeze play; Décimo inning; Minuto agregado.

Se detiene cansado. Por alguna razón casi todos pensaron lo mismo que él. ‘Pero si mi idea es original, innovadora’, intenta por última vez. Se golpea el pecho cuando escucha los nombres de los programas deportivos de radio y televisión; pierde el conocimiento cuando en internet se eleva a la potencia la brillante idea…estaba equivocado.

Molesto, se descarga. La mitad, o más, de los periodistas no pueden desempeñar esa posición o hacer la jugada que pregonan en su título. Tipos que son incapaces de lanzar una pelota, de tomar un rebote, de batear más allá del montículo, de matarla con el pecho y no tirarla afuera. Respira y se tranquiliza. Quizá los nombres tienen doble intención. A la ofensiva, se llama uno, y no duda que quiera transmitir la batalla que librará desde su espacio; De primera, otro, para darle categoría a la opinión: Camiseta 10, por el prestigio entre los periodistas; Golpe bajo, porque traiciona a sus compañeros. Sí, puede ser, pero también es trillado.

Decepcionado, se rinde. Una vez más debe desechar sus principios. No consideraba apropiado tener la columna, ya escribe; no le parecía original su idea del título, ya tiene: El pelotudo.

(Click en la imagen)

jueves 14 de mayo de 2009

Adiós paradigmas

Charles se acomoda el abrigo entre las piernas justo antes de comenzar el primer tiempo. En el segundo piso del Camp Nou, la temperatura puede bajar varios grados. A sus 8 años, la memoria apenas le llega a Ronaldinho Gaucho, Zidane, Ronaldo, Rivaldo, todos ellos pertenecen a la historia. No llevan quince minutos pero ya el Barcelona se hizo de la pelota y la pasea por el campo. El niño recuerda inmediatamente sus entrenamientos, cuando le toca jugar contra equipos dos o tres categorías por encima.

La paciencia del equipo de Guardiola le abruma. Nada que ver con sus compañeros, que quieren meter cien goles en dos minutos. Los Etoo, Henry y Messi también quieren celebrar docenas, pero saben que tienen 90 vueltas del secundero. Charles lo había escuchado por la radio, pero no lo entendía bien hasta que fue aquella tarde al estadio. Un equipo tan ofensivo difícilmente sabe defender. Y por eso Guardiola recurrió al camino más fácil: no tendrá que defender nunca si jamás pierde la pelota.

El niño se ve en el espejo de Xavi e Iniesta, y por muchas cosas más que por su fútbol. La pareja de volantes comparte su identidad como azulgranas, su corta estatura y también la calidad. El infante aún tiene mucho camino por recorrer, pero coincide en algunos puntos: en su sentimiento catalán y su escasez de centímetros. Le salta una pregunta: ¿No tenían que jugar los más altos y los más fuertes? Y enseguida Messi, con sus 1.69 metros se lleva a cuatro rivales y la pone en el segundo palo para el 3-0.

Pasan los minutos y ya el Barça golea a su rival. Desde el banco, un tranquilo Pep Guardiola, otro con el escudo cosido en el pecho, sigue gritando. Ni seis goles son suficientes para él, quiere que sigan buscando más. Charles mira al banquillo y ve a aquel hombre del que su padre habla tanto -ese que tampoco pudo ver en vivo- meditando y dando indicaciones. ¿Por qué no traen a Ancelotti o a Mourinho? Había pensado cuando lo anunciaron como DT. Pero ya que importan los títulos pasados que tienen otros, a él y a sus vecinos en la grada le importan los que vendrán para Josep y su maquina vestida de azul y grana.

Fin del partido y toca el camino de vuelta a casa. Una nueva victoria es alimento para una gran sonrisa. Los 100 goles, los tres títulos que pueden caer, la goleada en el Bernabéu son barajitas del corto plazo. Fotos para regocijarse mientras la fugaz memoria los guarde. Pero el sello, ese estilo, la filosofía y los paradigmas que quiebra el equipo blaugrana son cosas que seguramente quedarán por mucho más tiempo. El mismo que tendrá Charles para entenderlo.

martes 12 de mayo de 2009

El Clásico como excusa


Se atrasa con las rectas y se adelanta con los envíos quebrados, dicen sus coaches; no levanta la bola y sus rodados doblan la cantidad de elevados, reflejan las estadísticas. Parece saberse qué le pasa a Magglio Ordóñez, pero nadie dice el porqué.

Lloyd McClendon dijo a finales de abril que el II Clásico Mundial de Béisbol afectó al jardinero. Quiso batear jonrones para transformar los abucheos y modificó su swing. Magglio no ha dicho algo semejante y ojala que no lo haga.

Mejor bateador de la Liga Americana entre 2006 y 2008; campeón bate en 2007; inagotable paleador de .300; incansable productor de 100 carreras o más; inextinguible acumulador de dobles, Magglio Ordóñez está en su peor temporada. Nunca pasó un mes sin un biangular o al menos 10 remolcadas; jamás mostró un promedio tan bajo después de tantos encuentros disputados.


Es probable que varios venezolanos estén contentos: “Bien merecido se lo tiene, por chavista”, “Ahí está, dios castiga”. Quizá abundan los estúpidos que se atribuyen el fracaso: “Lo logramos. Tantos abucheos lo mataron”, “Jajajá, le deseé lo peor y allí está”. Si existen personas así, imbéciles, a Magglio no le conviene reconocer que el Clásico afectó su ofensiva.

Juzgar el abucheo colectivo en Miami no interesa, toda vez que ya se hizo. Lo que no debe hacer Ordóñez es recordarlo. Será satisfacer a los gritones; será aceptar debilidad mental. Será, por qué no, un error que alimentará más la maldita división política.

Acudir a la excusa del Clásico puede ser sencillo para Magglio. Culpar a miles de terceros es mejor que reconocer el fallo propio, pero quizá él entienda lo peligroso de esa declaración. Le dirá a todos los parques de grandes ligas que si lo pitan se hunde; le reconocerá a los que le pitaron (y a todos los que quisieron hacerlo en Venezuela) que ganaron y que él bajó su cabeza; le dirá a sus nuevos protectores que el enemigo es el otro. Es probable también que ni lo entienda y menos que haya pensado en eso, pero desde que empezó la temporada cerró el tema de la selección.

Mejor entonces que empiece a batear como es su costumbre y entierre para siempre el peso que carga contra su voluntad. Que lo despida en silencio, como ha hecho hasta ahora.

lunes 11 de mayo de 2009

Cosa ma' grande!

Madrugada del lunes 31 de Enero 2009, La Habana, Cuba. Miles de cubanos siguen por sus transistores las incidencias de la final de la Liga Profesional de Beisbol Venezolano. La gran mayoría son simpatizantes de los Leones del Caracas, ligan con todas sus fuerzas a peloteros con caras que no han visto en su vida.

La pasión por el beisbol excede los límites en esta isla caribeña. Los cubanos, a través de la sección deportiva del diario Granma, se han ido empapando de la naturaleza de este popular deporte y de cómo se vive en Venezuela. Nunca han escuchado a Franco y Oscarcito, pero saben que hay un pelotero al que le dicen El Hacha. La mayoría cruza los dedos por un batazo de Chucho Guzmán, pero otros, maracayeros de corazón a pesar de ser de Camagüey, ven en Víctor Moreno la esperanza de coronarse campeón por 3er año consecutivo.

La lluvia en Caracas demoró el partido. En la isla no llovía desde hace días. La brisa intermitente de los ventiladores habaneros no se parecía al olor a lluvia que sentían los asistentes al estadio Universitario, que esperaban con las mismas ansias de aquellos cubanos. Un puente se tendió desde La Guaira hasta la bahía de Guantánamo, un sólo país unido por la pasión peloteril.

Aragua gana y La Habana casi muda. Los pocos gritos de celebración molestaban a los caraquistas. “Asere, los leonej somoj loj etelno’ campeonej’” rezaban los más entendidos, como para consolarse.


Sábado 9 de mayo. 12:17 pm. Enmarcado en el convenio de colaboración para el fanático deportivo Cuba-Venezuela, el diario deportivo Líder publica una nota titulada “La están viendo clarita” firmada por AP.

La intención: que el pueblo venezolano se paralice con la final del beisbol cubano que, según la nota, ya está cerca. El equipo de Villa Clara se ve sólido. Ese de la foto debe ser Ariel Borrero, gran toletero, jugando para la selección. La agencia no mandó fotos del encuentro entre Villa Clara y Santiago.

La fiebre del beisbol cubano late. Que se prepare Las Mercedes que, si quedamos campeones, saldremos a celebrar. “Como los moros y cristianos, en Villa Clara nos los desayunamos”

jueves 7 de mayo de 2009

Justos y pecadores


Si hay justicia en el fútbol, estaríamos ahora en la final

Guus Hiddink

Alternó frases, mezcló discursos y nunca traicionó su talante. El director técnico de Chelsea se movió entre la desazón y la impotencia en la rueda de prensa posterior a la semifinal de la Liga de Campeones, pero no dejó de ser un caballero. Acusó al árbitro, pero todavía más a sus jugadores por no completar el trabajo. Se creyó robado, pero entendió que su equipo promovió el crimen. Guus Hiddink, abrumado, mantuvo la calma para reconocer que en el fútbol no hay justicia. Si la hubiera…sería otro deporte.

Acudir a la justicia y al mérito en el deporte cuando el resultado es negativo es un sinsentido.
“Barcelona tuvo la pelota y propuso el juego, mereció más”, “Johan Santana lanzó casi perfecto, fue injusta su derrota”. Dos ejemplos actuales y comunes; dos frases que se repiten en la calle y en los medios.

En el deporte no se merece, se hace. Las distintas disciplinas, las muchas, no se crearon para ser evaluadas por un árbitro. No se sientan tres señores de barba a discutir quién jugó mejor, quién hizo la jugada hermosa y quién tuvo la mejor intención para luego inclinarse por un ganador. No pasa en el tenis, en el fútbol, en el béisbol, en el basket, en el voleibol, en el fútbol americano, en la natación, en el atletismo….y continúe. Si un deporte entrega toda la responsabilidad a los deportistas, que al final haya un ganador y un perdedor depende de los practicantes; entonces siempre triunfará el que debió hacerlo. El resultado decreta quién es mejor. Después que se griten los que prefieren hablar de merecimientos y subjetivas lecturas del hecho deportivo.

Luego está la justicia. Si el mérito propone, esta dispone. Deportes como saltos ornamentales, gimnasia o boxeo se estructuran con la yunta mérito-justicia: elevación, tres giros y entrada perfecta, los jueces te dan la medalla; rutina sin fallos, extensión muscular y caída ideal, los jueces te dan la medalla; menos caídas, mayor cantidad de golpes y manejo de la pelea, los jueces te dan el cinturón. Es el boxeo, sin embargo, un deporte maravilloso. Permite a los peleadores definir la supremacía, si ambos fallan, corresponde a los jueces evaluar los méritos e impartir justicia.

Pero en los deportes expuestos arriba la justicia actúa sola. No responde a bondades o formas. Los árbitros están sólo para hacer respetar las reglas y que gane el mejor. Y allí el fútbol es el más perjudicado. Por la dificultad que supone anotar un gol, más son las veces que el árbitro interfiere en el resultado. Una falta mal cobrada en el baloncesto pasará desapercibida porque el mejor equipo tiene no menos de 50 ataques para imponer la superioridad; una decisión errada del juez de silla también puede ser revertida con el buen juego del tenista, además de la genial aplicación del “Ojo de Halcón”. Así los muchos, no el fútbol.

Un árbitro decide ignorar una mano, no hay penal; el mismo árbitro prefiere sancionar la falta fuera del área, no hay penal; un juez de línea imagina una falta, expulsión. El Chelsea-Barcelona regaló dramatismo y muchas emociones; a mí me dejó malestar. Un torneo tan importante y con millones de dólares en juego no puede resumirse a las decisiones arbitrales. Imposible que el juego colectivo más seguido en el planeta se defina por un señor y su silbato.

Insisto, al diablo los que merecen. Me parece una excusa tonta, convertida en estupidez por culpa de los periodistas que acuden a ella para analizar los juegos. Pero la justicia, esa que no debe influir en los resultados, avanza a la par de la pelota y muchas veces traspone la línea de gol.

Guus Hiddink lo sabe y por eso lamenta. No hay justicia en el fútbol, sólo injusticia.

miércoles 6 de mayo de 2009

Al Toro lo extrañarán por su brazo, no por su bate


En pocas oportunidades la condición excepcional de un jugador puede ser un factor de riesgo para sí mismo como en el caso de Carlos Zambrano. Su capacidad para hacer contacto con la pelota, junto a su fuerza a ambos lados del plato, le convierten en buen bateador emergente. Esa, además, es una función que le agrada. Así lo hace saber cada vez que puede. “Quiero estar allá fuera para ayudar a mi equipo”, dijo recientemente sobre sus visitas al home cuando no está lanzando. Tan bien lo hace que en dos oportunidades ha ganado el Bate de Plata. Esa capacidad especial y las lesiones que sufría alguno de sus peloteros de posición hicieron que la semana pasada Lou Piniella lo usara para reemplazar a otro toletero en tres juegos. Sin embargo, la habilidad con el madero no es su principal virtud.

No fue por su ofensiva que en 2000 fue considerado el tercero entre los mejores prospectos de los Cachorros. No han sido sus largos batazos los que le han permitido mantenerse desde 2001 en las mayores, ni conseguir hace dos años una extensión de su contrato por 91 millones de dólares. Zambrano obtuvo eso por lo que hace en el montículo. Es ahí donde realmente hace diferencia. Su marca de 94 y 52 desde 2002, cuando se estableció como abridor, así lo confirma. Si a esto agregamos que su intensidad en el campo es casi desproporcionada, no podemos concluir otra cosa que es mucho lo que se arriesga cuando el porteño sale como emergente. Utilizarlo en ese rol con tanta frecuencia es como tentar al diablo. Lo que sucedió el domingo es una advertencia.

En medio del juego que lanzaba, el Toro tocó de muy buena forma la bola, pero su carrera a la inicial le provocó una contractura en el tendón de la corva que le hará perder al menos dos aperturas. ¿Se imaginan inutilizar al as de la rotación durante meses por un accidente como ese en medio de un turno como emergente? Durante las próximas dos semanas nadie en Chicago extrañará al Carlos Zambrano bateador, pero sí al pitcher que cada cinco juegos abre desde la lomita por los Cachorros.

jueves 30 de abril de 2009

Esperemos que sea una excepción


En el plan que tenía trazado la sub-17 para el Suramericano, el nombre de Josmar Zambrano era primordial. Poseedor de una exquisita técnica y una excepcional capacidad para generar fútbol, el tachirense era el encargado de llevar la batuta y ordenar el ataque criollo al compás que marcarían sus botas. Por eso, Daniel De Oliveira le había reservado el epicentro de su pirámide ofensiva. Con dos compañeros cayendo por las bandas y Fernando Aristeguieta solo en punta, el cuadro venezolano debía llegar al área rival tocando; o por lo menos eso había practicado antes de partir.

Llegaron a Iquique y se encontraron mil y un objeciones en su interés por trascender. La cancha atentaba contra la idea de jugar a ras de piso. Con Zambrano y Juancar tocados, el equipo perdió ritmo en la ofensiva, siendo incapaz de desequilibrar. En el primer partido perdieron a un jugador por una expulsión casi ridícula. Cometieron un penal más de semillita que de un sub-17. Doscientos argumentos como para establecer excusas. Pero el problema no fue que se les presentaran imprevistos. La caída estuvo en que no lograron superar ninguno.

Sin Josmar, no hubo manera de conducir la pelota desde la retaguardia al frente de ataque. El nueve colorado se murió del aburrimiento. Sólo Rómulo Otero y Carlos Rivero sacaron la cara con regularidad. Alexander González, Carlos Suárez y algún otro lo hicieron de forma esporádica, -vaya casualidad que ambos sean del Caracas. Ante el problema, De Oliveira fue incapaz de hallar una solución. Sin su creador al tope, el DT no logró reordenar filas y conseguir en el bloque lo que tenía pensado obtener de una individualidad.

Pero el cuero no se levantó por un solo lado. Con una ofensiva fácil de diluir, la zona defensiva también comenzó a hacer aguas y ni los tres cambios ante Uruguay modificaron el panorama. El equipo sí, jamás se vio totalmente superado por ningún rival, pero tampoco firmó muchos méritos como para merecer una victoria.

Quizás hoy los chamos levanten ante Chile y vuelvan al país con tres puntos. Pero eso no servirá para aprobar el curso. La pasantía por Iquique debería ser una de las más grises, cuando esta generación haga recuento dentro de 15 años. El talento que muestran los Suárez, Zambrano, Aristeguieta, Otero, Rivero, Escalona, González y compañía invitan a la ilusión. Especialmente cuando se rompan las barreras de edad y este grupo (92-93) se una con la sub-20 mundialista (89-90) y a los Ronald Vargas, Roberto Rosales y Tomás Rincón. Espero que en 10 años, este resbalón de Iquique no sea más que una excepción dentro de una regla de buenas cosechas. Pero por lo visto en estos días, queda mucho camino por recorrer.


PD. La foto es del pana Ángel Obertein.

lunes 27 de abril de 2009

La moneda se lanza en octubre


Enmarcado en el bacanal de predicciones que se hacen en torno a la temporada de las Grandes Ligas, he llegado a ver cosas que, más allá de la curiosidad que me pueden despertar, parecen producto de la magia negra.

O de la NASA, o de unos charlatanes con suerte (porque lo interesante es que la pegan), o de viejas numerólogas ya cansadas de ganar el Lotto Florida. Hace un par de días me topé con una revista que alguien compró en Miami durante el Clásico Mundial de Beisbol y, de verdad, lo de las predicciones me sedujo tanto que he estado varios días buscádolas en portales de otros medios gringos.

No sólo dicen los clasificados a la segunda ronda, misión complicada tomando en cuenta que es una temporada en que 30 equipos juegan 162 juegos cada uno, sino que detallan las posiciones en que van a quedar todos los equipos en cada una de sus divisiones. No sólo el primero, no… hasta el último. Es decir, hubo un estudio serio para afirmar que Kansas City quedará por debajo de Minnesota, que St. Louis quedará a 2 juegos de quitarle el campeonato de la división central de la Liga Nacional a los Cubs o que San Francisco, a pesar de su buen pitcheo, va poder ver desde arriba unicamente a Colorado.

Hay más. Se estima quién será el ganador del MVP y del Cy Young. Pero no sólo el ganador, no… una lista de los 5 más votados en cada uno de esos premios. Santana, el flamante Cy Young de la Liga Nacional, a pesar de flys rebeldes y de bates de goma espuma. Sabathia, segundo en la votación detrás de Papelbon, ¿De Papelbon?¿Un cerrador?¿Las predicciones del año pasado habrán tomado en cuenta al Kid?

El MVP de la Americana: Alex Rodríguez, con esteroides y la moral de unos Yankees que no resisten un cabello mal cortado o una barba de 2 días. Pisándole los talones, un Sizemore que por más que haga no podrá evitar la eliminación de sus Indios. El de la Nacional: Ramírez… el de Florida, no el de Los Ángeles. De hecho, el pelúo no figura entre los 5 primeros.

Al final, el adelanto de una Serie Mundial que, según los especialistas y sus bolas de cristal, será Philadelphia vs. Boston. ¿El ganador? No lo dicen. Los tipos se lanzan al agua para prever el record de los Piratas de Pittsburgh y no se atreven a decir el campeón de la Serie Mundial. Aseguran que Tampa Bay deja por fuera a los Yankees en la lucha por el comodín, pero no se atreven a decir el campeón de la Serie Mundial. Apuestan porque a Pujols le faltarán unas pocas carreras impulsadas para ser el candidato de oro para el MVP pero no se atreven a decir el campeón de la Serie Mundial.

Debe ser que los dioses, fanáticos de los buenos del beisbol, esperan a octubre para lanzar la moneda.

sábado 25 de abril de 2009

Perdóneme padre porque he pecado...

La vida, por diferentes motivos, me guió al periodismo. No lo esperaba, no era mi plan original, pero desde el principio me gustó, de la misma manera en que me cautivó la Comunicación Social, una carrera a la que también llegué casi por azares de la vida.

Durante esas primeras vivencias en el diarismo una cosa me impactó de sobremanera: el poco margen de error. Desde lo más humano -una coma mal puesta, un acento desubicado- hasta las fallas que atentan contra la legalidad -una falsa declaración, el palangrismo- nada pasa debajo de la mesa, ni para el lector, menos para los jefes y nunca para los colegas.

Todos estos pestañeos se clavan en el espíritu del periodista, quedan como un tatuaje malforme en la imagen del comunicador, imposible de borrar. Esa realidad, creo, eleva la importancia de la reflexión.

Varios detalles, pifias, errores, descuidos, como Ud. quiera llamarlo, me han llevado a meditar, me han hecho llegar desanimado a la casa en algún momento.

- La doble confirmación: En un par de ocasiones, por tiempo, descuido o ambas, me he quedado con una sola visión sobre un tema. El caso que me marcó fue una información sobre el “Chuy” Vera y su supuesta renuncia en caso de que Estudiantes no ganara ese domingo. Una fuente cercana al seno del club dio la información, pero, en ese caso por tiempo, me rendí de hablar con el propio técnico luego de la primera aparición de su contestadora. "Chuy" lo negó mientras que mi fuente siempre lo reafirmó. Al final los merideños ganaron y todo quedó en el olvido.

- La suposición: Pasa que muchas veces uno consigue un dato, una frase, una vista rápida a un documento, cualquier cosa, una microinformación que podría ser semilla para un gran tema. He visto que en esos casos solemos muchas veces irnos de boca sin racionalizar. No caemos en el análisis sino en la suposición y por las ganas de crear impacto, y el empuje de los jefes por vender, terminamos manejando nuestras suposiciones como ciertas. En mi caso dejé pasar eso con el tema de los fichajes del Caracas. Una fuente ligada al club me dio un dato sobre el cual supuse varios nombres de futuros candidatos a ir al club avileño. Varios fueron acertados, otros no, pero me quedó la espina de haber tratado la información como un hecho ya consumado.

- La continuidad: Hacemos “diarismo”, del día a día, cada 24 horas. Pero a veces subestimamos lo fugaz y dinámico de la noticia. La academia nos enseña a estar siempre encima de la fuente y aún así es común pestañear y no guardar esos simples 5 minutos diarios que ocupa levantar el teléfono para chequear cualquier novedad. Una vez, por conformarme con lo que me dijeron un lunes y no llamar al día siguiente, perdí la llegada de Jesús Gómez al país para unirse al Caracas. Un simple telefonazo el martes para confirmar la información (que de principio tenía errada) me habría ahorrado un problema.

- Las declaraciones: Más que ser un error es un debate sobre estilos. No soy un purista que no publica una cita si no está 100% fiel a lo que el entrevistado dijo, mismas palabras, mismo orden, misma acentuación. Tampoco soy de los que habla con la fuente dos horas y se hace una idea general de lo que dijo para de ahí sacar las voces. Creo que todo depende del enfoque. Una entrevista de personalidad, una semblanza, requieren de mayor precisión. La declaración, en forma y fondo, debe ser una representación de la personalidad del entrevistado. En el caso de la noticia creo que es válido soltar un poco las amarras, a veces para sintetizar, a veces para mejorar la forma.

Sea cual sea el caso lo importante es aceptar y aprender. Nadie es infalible ni nadie nunca lo será. Pero la negación se ha convertido en uno de los peores males del periodismo deportivo de nuestro país.