Tiene un dilema que resolver con urgencia. En su nuevo trabajo le pidieron escribir una columna de opinión, pero él
no lo cree conveniente.
Lee con lástima la proliferación de opinadores en la prensa nacional y piensa que
perdió prestigio tener un espacio para compartir la visión individualísima del hecho deportivo. ¿Dónde quedan los méritos?, pregunta al vacío. Le sorprenden los periódicos que abren el género más valioso a noveles. Quizá apuestan a la juventud, argumenta, y luego cambia de opinión. Duda.
No cree que se trate de una política, sino de la ausencia de ella. Ya no se piensa en el buen periodista que gana su espacio;
ya no se detienen los jefes a valorar el talento y entregar con honor la más grande de las responsabilidades. Ya sólo se dice: ‘hazte una columnita de opinión ahí’, y así le dijeron a él con menos de un año de graduado y apenas tres meses en la fuente.
Confundido, dice que sí.
Siente que traiciona algo; cree que una vez en la academia le enseñaron el valor de opinar y el proceso que debe cumplirse. Pero él está solo. No tiene formación y en su nuevo trabajo no la consigue.
Algo está mal en esta profesión, sospecha. Ni en la escuela de periodismo imparten buenas clases,
ni los jefes que encuentra en los periódicos deportivos pueden o saben enseñar. No sólo los deportivos, busca tranquilizarse;
el periodismo vive tiempos negros y la culpa no es del gobierno, aunque muchos quieran hacerlo creer.
Llevado por la inercia del sinsentido piensa en un nombre para la columna.
Quiere algo original, algo distinto. Se ilumina y sonríe. ‘Lo tengo’, grita.
Su espacio tendrá por título una situación o posición del deporte que cubre. Busca en las páginas web de los diarios más importantes y empieza a descartar.
Volante mixto; Volante creativo; Tiro de esquina; El líbero; Línea tendida; Slider cortante; Pitcher controlado; El camarero; Swing de gradas; Foul y vale; Triple play; El emergente, Quieto en primera; El escolta; Área Chica; Squeeze play; Décimo inning; Minuto agregado.
Se detiene cansado.
Por alguna razón casi todos pensaron lo mismo que él. ‘Pero si mi idea es original, innovadora’, intenta por última vez. Se golpea el pecho cuando escucha los nombres de los programas deportivos de radio y televisión; pierde el conocimiento cuando en internet se eleva a la potencia la brillante idea…estaba equivocado.
Molesto, se descarga. La mitad, o más, de los periodistas no pueden desempeñar esa posición o hacer la jugada que pregonan en su título.
Tipos que son incapaces de lanzar una pelota, de tomar un rebote, de batear más allá del montículo, de matarla con el pecho y no tirarla afuera. Respira y se tranquiliza. Quizá los nombres tienen doble intención.
A la ofensiva, se llama uno, y no duda que quiera transmitir la batalla que librará desde su espacio;
De primera, otro, para darle categoría a la opinión:
Camiseta 10, por el prestigio entre los periodistas;
Golpe bajo, porque traiciona a sus compañeros. Sí, puede ser, pero
también es trillado.
Decepcionado, se rinde. Una vez más debe desechar sus principios. No consideraba apropiado tener la columna, ya escribe; no le parecía original su idea del título, ya tiene:
El pelotudo.